Un comienzo turbulento

La Olivicultura en Argentina se inicia con la colonización Española y la fundación de los pueblos a fines del siglo XV. Algunos autores señalan que los primeros olivos fueron plantados en Santiago del Estero, primera colonia fundada en el año 1554 por una expedición proveniente del Virreinato del Alto Perú. Otra corriente conquistadora proveniente de Chile al mando del Capitán Diego de Alvarado habría plantado numerosos ejemplares en lo que es hoy Aimogasta, localidad cabecera del Departamento Arauco, en el norte de la provincia de La Rioja. Los dueños de las tierras norteñas en las épocas de la colonización fueron los Diaguitas. Ellos se autodenominaban Paziocas, hablaban un idioma común, el Cacán, y años anteriores a la colonización habían resistido durante muchos años la conquista del Imperio Inca (Perú). Finalmente bajo su dominio vuelven a la batalla para frenar la colonización española de las tierras calchaquies en lo que se denominaron las Guerras Calchaquíes que tuvieron lugar entre los años 1560 y 1667. Pelea tras pelea, los colonos se instalaban en las tierras de los diaguitas fundando pueblos. Lo hacian sin abandonar sus costumbres españolas, plantando los mismos árboles frutales tradicionales de su Península Ibérica natal.
Es en el Departamento Arauco se produce el mayor desarrollo olivícola colonial, demostrando una excelente adaptación, los jesuitas también estudiaron al olivo y llegaron a producir muy buenos aceites. Pero no todo fue color de rosas en esas épocas coloniales. Luego de varios años de enviar aceites de altisima calidad a la «Madre Patria», el Rey Carlos III, alarmado por la buena calidad del «oro verde», ordenó al Virrey Pedro Fernandez de Castro (Virreinato del Alto Perú) a eliminar de raíz todos los ejemplares del arbol del olivo que hubiese plantado en todos los Virreynatos del Nuevo Mundo. En consecuencia, una tala indiscriminada de las plantaciones de olivo sucedió desde el Alto Perú hasta el Río de La Plata. Esto eliminó casi a cero los ejemplares de Olivo y muy pocos pudieron sobrevivir.

El milagro Riojano


Expectación Fuentes de Ávila, una colona descendiente de Don Baltasar de Ávila Barrionuevo (hombre del grupo de Juan Ramírez de Velazco, fundador de La Rioja) salvó una plata de la tala ordenada por el rey Español tapándola con un recipiente para que no fuese descubierta. Este milagro permitió que la Olivicultura se extendiera a Córdoba, Mendoza y San Juan ya que se multiplicaron innumerables ejemplares del árbol ocultado y se distribuyeron sobre dichas provincias. La finca donde se produjo el milagro se ubica en Arauco, en la Villa de Ainogasta, y dio el nombre a la primera variedad Argentina.

Al respecto hay una obra muy completa que analiza la llegada del olivo al departamento Arauco, cuna de la Olivicultura Argentina. Hablamos de “El olivo centenario, la historia oculta” de María Valeria Nuñez y Sergio Alfredo Chumbita, dos historiadores Riojanos. Pero no solo el Olivo sufrió tal desgracia, la erradicación del viñedo era otro de los objetivos pero su historia escapa a estos párrafos.

Este hecho histórico significa una paradoja particular ya que antes de la orden que dilapidó al los olivos del Vireynato el Rey Carlos III escribió una Cédula Real de Agosto de 1531 que indicaba: todos los maestros que fueren a Las Indias lleve cada uno de ellos en su navío la cantidad que les pareciere de plantas de viñas y olivos, de manera que ninguno partiese sin llevar alguna cantidad. Claro está el objetivo de la realeza Española en sus principios fue la de continuar la implantación de olivos y viñedos en la rrecientemente descubierta America, no se percataron que luego iba a resultar una amenaza incipiente a su propia producción.

Otro olivo histórico que resistió a la erradicación decretada se encuentra en la Provincia de San Juan, en la localidad de La Mesada, Departamento Valle Fértil, tiene aproximadamente 350 años y se cree fue plantado por los Jesuitas. Ambos Olivos Centenarios (junto con el de Arauco); representan el inicio de la Olivicultura Nacional Argentina y se conservan intactos. Precisamente, al ejemplar de Arauco se lo denominó Olivo Cuatricentenario; y fue declarado en 1946 como Arbol Histórico, y posteriormente en 1980 se lo declaró Monumento Histórico Nacional.Quizás sin pensarlo, del olivar riojano se realizaron sucesivas selecciones, cruzamiento y multiplicaciones, dando origen a una variedad o ecotipo totalmente diferente denominado Arauco; llevando el mismo nombre que el pueblo. Los retoños no solo se extendieron al territorio nacional sino que cruzaron la frontera llegando a Chile y Perú.

Inmigración cultural

Si bien el árbol y su producción ya estaba instalado en Argentina su verdadero desarrollo tuvo lugar a finales del siglo XIX cuando se producen las grandes migraciones desde Europa. La revolución Industrial allí permitió la movilidad de las personas a través de ferrocarriles y barcos (traccionados por máquinas de vapor) en primer lugar dentro del territorio Europeo y luego a otros países no europeos, como Estados Unidos, Canadá, Brasil, Argentina, Australia y Nueva Zelanda. El objetivo era trasladarse a lugares que les permitieran obtener trabajo y mejores condiciones de vida. Desde sus ciudades los inmigrantes traían consigo costumbres alimenticias particulares como lo es un gran consumo de aceite de oliva. Se comienza a importar aceite de Oliva desde España que luego fue reemplazándose con producción propia.

Las inmigraciones comenzaron a abrirse en 1850 y fueron apoyadas ampliamente luego de establecida la República hasta fueron apoyadas en la Constitución de la Nación Argentina sancionada en 1853, disponiendo una amplia protección al extranjero. Luego, los acontecimientos políticos y sociales en España hacen que haya desabastecimiento en el mercado Argentino, por lo que en 1932 se promulga la ley de Fomento núm. 11.643 por la cual se promociona el cultivo del olivo, imponiendo fuertes tasas aduaneras a estos productos. Posteriormente se sanciona también otra ley de Olivicultura en 1946, núm. 12.916 dirigida al mismo fin. Pero no es hasta 1954, y como consecuencia del desabastecimiento total ( posguerra civil española).Como resultado de esta conferencia se popularizó el slogan «haga patria, plante un olivo» expandiendo la frontera olivícola a provincias con climas no aptos como Buenos Aires y Entre Ríos, y trajo aparejada la aparición de un importante número de establecimiento procesadores de aceitunas en conservas y fábricas de aceite (almazaras), con maquinarias de origen nacional. La producción abastecía el mercado interno y los excedentes se colocaban en el exterior dando lugar a las primeras exportaciones de Aceite de Oliva.

La triste modernidad y el rescate literario


En 1965 la Olivicultura Argentina contaba con cinco millones de olivos y casi cincuenta mil hectáreas implantadas. Pero la industria mundial del olivo tuvo que atravesar muchos problemas en esas épocas donde el conocimiento de lo productivo y el mercado mundial no llegaron a madurar llevando al abandono de muchas plantaciones olivareras y además a enfrentar asociaciones socio-culturales incorrectas. Este periodo de crisis duró más de dos décadas. Frecuentemente se asociaba la palabra colesterol a la ingesta de alimentos fuente de grasa. De manera un poco «curiosa», la asociación quedó pegada al aceite de oliva casi exclusivamente. Los aceites de semillas y oleaginosas quedaron librados de tal pecado llegando a la mesa inclusive con mejores precios. Los costos de los aceites semillas se redijeron notablemente introduciendo los métodos de extracción con solventes. No se encontraba una salida hasta que la revolución cultural de los hábitos alimenticios y su asociación con la salud de las personas se hicieran presente. Pero casi simultaneamente se fue gestando un fenomeno que mas adelante lo conoceremos conmo la «vida sana», pero sus inicios se cementaron en la difusión a nivel Mundial de estudios relacionados con la dieta de los países ribereños del mediterráneo que afirmaban que la esperanza de vida en los mismos era de las más altas del mundo y su asociación con el consumo de aceite de oliva tuvo un efecto totalmente aliviador para la golpeada industria. En consecuencia fue aumentando el consumo de aceite de oliva, principal ingrediente de la dieta mediterránea. Mayor fue la demanda cuando se difundieron estudios sobre enfermedades cardíaca-coronaria, introducción del concepto de antioxidantes, ácidos grasos insaturados, belleza de la piel, actividad física, etc, etc.
Grandes obras que hablaron de la alimentación captaron rápidamente la atención del público occidental por la dieta mediterránea: mencionamos obras como la de Ancel y Margaret Keys «Coma bien y manténgase sano» (1959), reeditada con el título «Como comer bien y mantenerse sano a la manera mediterránea» (1975). El mundo estaba nuevamente necesitando de grandes cantidades de aceite de oliva y las zonas tradicionales de producción (Italia, España, Grecia) no llegaron a satisfacer la demanda. Estabamos ante las puertas de una gran oportunidad que fue muy bien aprovechada por el desarrollo Olivícola impulsado por las nuevas técnicas de implantación de los últimos 30/40 años y desarrollo hídrico basal de las provincias cuyanas.

Sistemas de riego, frontera al desierto.

El olivar más grande del mundo es el que se encuentra en las sierras de Cordoba y Andalucía, en España. Allí las lluvias alcanzan para el buen desarrollo del arbol, suelen tener épocas de sequias pero no son profundas. El caso Argentino es muy diferente, ya que el gran desarrollo de la Olivicultura (antigua y moderna) se ha desarrollado en Mendoza, San Juan, Catamarca y La Rioja, zonas mucho más áridas que las españolas, en el medio de grandes desiertos, precisamente donde el Olivo se siente mas cómodo. Es por ello que aquí en Argentina el desarrollo de la Olivicultura Moderna solamente es posible en condiciones de riego artificial, donde es necesario transportar del agua. Los indígenas de nuestras tierras ya nos dieron grandes lecciones del manejo del agua, los colonizadores lo supieron rápidamente al darse cuenta de las novedosas técnicas de manejo del agua a través de amplios y extensos canales de riego. La modernidad trajo de vuelta esas técnicas permitiendo aumentar la frontera agrícola hacia el desierto y de esa manera responder a las necesidades alimenticias de las grandes ciudades. Hoy, las técnicas de riego por goteo (y otras) posibilitan el desarrollo en zonas con escasas llúvias anuales. Un caso similar al de nosotros lo tienen en Israél, quienes se han especializado en el aprovechamiento del recurso hídrico y lo han trasladado a otras especies arbóleas.

Un dato importante en el desarrollo hidráulico de la Argentina de fines de siglo XIX lo aporta un ingeniero italiano llamado Cesar Cipolletti, quien fue convocado por la Ciudad de Mendoza en 1889 con el objetivo de solucionar los graves problemas que la provincia tenia con su sistema de riego. Cipolletti proyectó las obras de riego de los ríos Mendoza y Tunuyán que concluyeron también en el diseño de diques de embalse. Debido al éxito de las obras en la provincia cuyana en la década siguiente Cipolletti estudió la cuenca de los ríos Limay, Neuquén y Negro, señalando las medidas a tomar para aprovechar los recursos hídricos de la región y paliar las fuertes crecidas. En su honor se nombró a la ciudad rionegrina de Cipolletti1 en 1927.

La Olivicultura Argentina del Nuevo Mundo

Para introducirse en el mercado Internacional la economía argentina debió enfrentar cambios importantes derivados de una mayor integración y una mayor interpenetración del mercado internacional de productos y servicios. Entendió que debía dar respuesta a la creciente demanda Internacional de Aceite de Oliva en primer lugar aprovechando la generosidad de sus tierras y en segundo la  decisión de todo el sector olivícola de ir por un objetivo en común. El gran crecimiento en hectáreas de los últimos tiempos se dió en el marco de los incentivos fiscales como por ejemplo la Ley Nacional de Promoción Agrícola que dió lugar a los llamados Diferimientos Impositivos, promulgada en 1982).. Desde allí el crecimiento de la Olivicultura fue notable, se comenzó con la producción varietal y se crearon polos productivos para la atracción de inversiones que, a falta de ventajas comparativas, difícilmente se canalizarían hacia lugares de producción hasta aveces inóspitos, pero aptos para buenos rindes. La tecnologías superiores de extracción de Aceite de Oliva reemplazaron las pocas y antiguas alzamaras que quedaban y se alinearon las legislaciones alimenticias a las directrices establecidas por el COI (Consejo Oleícola Internacional) en pos de la apertura del mercado internacional y de la permanente búsqueda de la más alta Calidad. La Argentina goza actualmente de ser líder de exportaciones en América Latina. Detrás están Chile y Uruguar, quienes también han desarrollado una olivicultura moderna y de altísima Calidad. Nuestro lugar en el mundo también es privilegiado, ubicándonos en el décimo exportador mundial, llegando a más de treinta mercados con una excelente penetración y competencia Internacional, con ingresos de más de 200 millones de dólares anuales, considerando solo las exportaciones de AOEV Argentina ocupa el sexto lugar. La capacidad de los últimos años fue de 400.000 toneladas de aceitunas procesadas.